En el año 2044 la Tierra expoliada y contaminada nos devuelve como moneda de
cambio una amenaza biológica que ha reducido ya la población mundial a una décima
parte, pero aún así millones de personas siguen viviendo sin acceso a los recursos más
básicos.
Es una tormentosa tarde de primavera Yotuel y Cándida investigan la cura para el virus
Alcatraz en el laboratorio. Tras un gran estruendo que hizo temblar todo el edificio, el
generador de emergencia comenzó a fallar. Entonces una dorada onda expansiva
rodeada de chispas de todos los colores recorrió el cableado hasta implosionar en el
microscopio cuántico que maneja Yotuel.
Un fuerte destello dorado ilumina el laboratorio que se encontraba en una penumbra casi
total. Acto seguido una serie de relámpagos se cuelan por las ventanas y muestran de
forma intermitente la transformación de Yotuel...
Empezó a crecer y sus facciones se volvían cada vez más afiladas. Su piel se tornaba más
gruesa... escamosa... y de un color sobrenatural... Cuando pasados unos segundos
volvió la energía eléctrica Cándida no daba crédito a lo que estaba viendo, ni mucho
menos encontraba una explicación lógica... Yotuel se había convertido en una especie de
dragón de varios metros de altura y yacía enroscado en el suelo de la amplia sala del
laboratorio.
– ¿Yotuel, estás bien hermano? ¿Puedes hablar?En ese momento Yotuel, el ahora dragón,
abrió sus ojos color magenta incandescente y una fuerte voz ronca salió por su garganta, la cual hizo
retumbar la habitación y el cuerpo de Cándida. Esta se estremeció como nunca en su vida...
– ¿Cándida? ¿Eres tú? No puedo ver tus facciones ni tus formas, solo te veo como una
llama azul y blanca flotando a dos pies del suelo.
– Si, mi querido hermano, soy yo. No te asustes, yo también puedo verte y oírte. Aunque
tu cuerpo ha cambiado...
– No me importa siempre y cuando podamos seguir comunicándonos hermana.
– ¡Tienes alas! ¡Vayamos fuera, quizás puedas usarlas!
– Siempre quise volar... ¡Quizá este cambio sea algo bueno!
Salieron al exterior del laboratorio. A un verde claro cerca de una zona boscosa, que
atravesado por un rio mediano contaba con piedras de distintos tamaños en su orilla.
Puede que por la excitación del momento ni se pararon a buscar una explicación al
suceso, solo intentaron ver el lado positivo en ese entonces.
– ¡Vuela Yotuel, vuela!
Yotuel empezó a agitar sus grandes y majestuosas alas con las que había sido dotado.
Estas eran de piel, parecidas a las de un vampiro o un pterodáctilo. Entonces, del
esfuerzo que estaba haciendo al elevarse por primera vez unos centímetros del suelo, se le
escapó una flatulencia y le salió una especie de desecho verde brillante. Al entrar encontacto dicha
material con el manto de plantas que cubría la zona, esta brilló aún más y pareció fusionarse en un
espasmo con el suelo.
No pasaron ni cinco segundos cuando de repente las plantas que alcanzaban con la vista
empezaron a crecer. Unas desarrollaron flores enormes con brillantes colores y un aroma
embriagador. Y otras empezaron a dar frutos descomunales, los cuales se veían muy
apetitosos y nutritivos. Ambos se miraron y no pudieron más que reír extrañados ante tal
situación.
Pero no todo estaba bien. En ese momento Cándida sintió un dolor punzante en sus
pies... cuando alcanzo a mirárselos descubrió las típicas manchas que provoca el virus
Alcatraz... y en ese momento, tras haber reído tan fuerte, cayó de bruces al suelo en un
llanto desconsolado:
– ¿Que te pasa Cándida? No te preocupes por mi, en realidad siempre había querido
volar. Y en realidad me gusta este cambio, me siento poderoso.
– No es eso Yotuel... he contraído el virus Alcatraz. Sentí un picor agudo en los pies y he
visto las típicas manchas sintomáticas en ellos... – dijo entre sollozos.
Una de los pétalos de las enormes y brillantes flores que habían crecido en los arboles
cercanos cayó y se posó en el regazo de Cándida. Su aroma y colores brillantes eran algo
exótico y realmente excitante.Cándida tomó en la palma de su mano dicho pétalo, era de color rosa
palo. Su tamaño sobrepasaba por poco la palma de su mano y sintió un gran alivio cuando lo sostuvo.
Como si se tratase de algún bálsamo calmante.
Justo delante de sus ojos el pétalo brilló más y se esfumó hacia dentro de la palma de su
mano en un movimiento espasmódico. Ella sintió un gran alivio y bienestar.
Su mirada aún clavada en su mano, mientras permanecía de bruces en el suelo, alcanzó a
ver sus pies... ¡Estaban curados!
– Hermano, creo que lo que te ha pasado ha sido una especie de bendición... no se si de
Dios, de los Aliens o de alguna Fuerza de la naturaleza. Pero esos pétalos me han curado
del virus Alcatraz.
Se acercó a Yotuel y lo abrazó apoyando su cabeza como siempre había hecho, en su
ahora escamoso y brillante pecho. Ahora su entrecortado llanto era de felicidad. Y
Yotuel también comenzó a llorar de felicidad por la “mágica” recuperación de su
hermana.
– A veces pasan cosas buenas a las que no encontramos explicación – alcanzó a decir
entre lágrimas de felicidad.
– Monta en mi espalda – dijo Yotuel – creo que tenemos una misión que cumplir.
Cándida montó en su espalda y fueron recorriendo el mundo mientras Yotuel iba
soltando sus excreciones verdes brillantes por doquier, haciendo crecer las plantas,floreciendo a su paso
brillantes, coloridas y descomunales flores sanadoras. Y
observando después como estos nuevos y gigantescos frutos alimentaban a millones de
seres a su paso, tanta a personas como a otros animales.
Al pasar por las grandes pantallas informativas de los emblemáticos cruces en Nueva
York y Tokio veían la evolución de la situación desde una distancia prudencial.
Dicha enfermedad había sido erradicada, así como otras enfermedades graves. El hambre
en el mundo había desaparecido. Y las empresas que tanto hacían al ser humano
competir y tanto contaminaban habían quebrado en cuestión de horas.
El sistema estaba cayendo pero un nuevo y esperanzador mundo estaba naciendo.
Yotuel se sintió agotado y tuvo que detener su vuelo en Machu Pichu.
– ¡Hemos cambiado el mundo! – Exclamó Cándida.
Pero Yotuel no contestaba y cada vez su luz se veía más atenuada.
– ¿Estás bien Yotuel?
Pero Yotuel no contestaba. Pasaron unos angustiosos segundos y finalmente el brillo de
Yotuel se apagó y sus ojos se cerraron... su cuerpo escamoso perdió color y súbitamente
se convirtió en una especie de neblina vaporosa que fue absorbida por la fértil tierra de
tan emblemático paraje.Cándida rompió a llorar desesperada y desconsoladamente como nunca en su
vida había imaginado que podría. La vida le había dado tanto y ahora se lo había arrebatado...
Cuando su ultima lágrima calló al suelo, tras horas derribada en aquel precioso lugar,
surgió un huevo con manchas de colores púrpura del suelo. Aún con temor, Cándida se
atrevió a acercar su mano y sintió como su calor interaccionaba con el huevo, hasta el
punto en que este dobló su tamaño. Pasados unos pocos segundos el huevo nuevamente
volvió a doblar su tamaño con un espasmo, hasta alcanzar como medio metro.
En ese mismo instante brilló y acto seguido empezó a agrietarse, como si algo en su
interior estuviera intentando salir...
Finalmente, tras un par de minutos el cascarón acabó por abrirse y dentro alcanzó a ver un cuerpo
humano en posición fetal y cubierto parcialmente por alas emplumadas.
La mano de Cándida se posó sobre la cabeza de dicho individuo, que en ese momento
despertó y abriendo los ojos la miró. Ambos no podían creer lo que estaba sucediendo.
– ¿Eres tú? – Pensaron ambos.
Se abalanzaron a abrazarse y se elevaron sobre el suelo un metro, desplegando sus nuevas
alas Yotuel, pero ahora sin la necesidad de agitarlas para volar.
B. Sánchez
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